lunes, 29 de mayo de 2017

El secreto de Estonia para librarse del ransomware Wannacry

Hace una década Estonia sufrió un ciberataque similar al ransomware Wannacry, y las webs de sus servicios públicos quedaron inoperativas. Pero aprendieron la lección y ahora han sido inmunes al nuevo virus masivo.

Estonia es la sede del Centro de Excelencia de la OTAN para la ciberdefensa Cooperativa (CCDCOE). Esta institución no escogió el país por causalidad, y es que es uno de los más avanzados en materia de ciberseguridad y uno de los que ha sido indemne al ransomware WannaCry que ha puesto en jaque a medio mundo.
El expertise de Estonia en matera de seguridad le viene de lejos. Concretamente de hace 10 años: fue en 2007 cuando el gobierno del país decidió digitalizar buena parte de las gestiones burocráticas que realizaban sus ciudadanos. En apenas unos meses pasaron de ser un país desconectado y obsoleto a permitir hasta el voto por internet.
Un avance que no gustó demasiado entre ciertos sectores, y con la ayuda de piratas informáticos, tumbaron las webs donde la administración prestaba estos servicios online.
Pero justo en aquel año surgía una tecnología que cambiaría para siempre el registro de la información y los datos y su protección: el blockchain.
Si de algo se jactan los defensores y expertos de la cadena bloques (como también se le llama) es su inmutabilidad y solidez. Tratar de modificar o alterar una cadena de blockchain, o parte de ella, es criptográficamente imposible.
Cada bloque de la cadena recibe un valor arbitrario que sólo puede utilizarse una única vez, y la única forma de  cambiarlo es rastrear todo el histórico de datos registrados y comenzar de nuevo. Esto garantiza la seguridad de la información que se registra.
Así es como Estonia salvaguarda los datos de sus ciudadanos y garantizan la seguridad de su vida digital.
Además, el gobierno del país los almacenan en distintos servidores, para que si alguno sufre un ciberataque pueda seguir ofreciendo sus servicios a los ciudadanos como si nada hubiera pasado. El último paso que van  a dar en esta distribución de los datos es la apertura de la primera embajada de datos del mundo, con sede en Luxemburgo.
Vía | El País